LAS OBRAS REALIZADAS POR GUSTAVO COCHET EN ESPAÑA

Martes, 27 de febrero de 2007

El eje Barcelona-Rosario

En el marco de la revalorización del papel del anarquismo, la Universidad de Barcelona creó un proyecto de exposición itinerante con las obras que Gustavo Cochet hizo allí, cuando decidió adherir a la II República. Rosario será uno los lugares donde llegará la muestra.

 Por Beatriz Vignoli
Había una vez un pintor rosarino que creyó posible un mundo nuevo. Se llamaba Gustavo Cochet, o también Gustave o Gustau: era de todas partes. Había nacido en 1984, de padre francés radicado en Maciel y madre aborigen. Se había subido de polizonte a un barco y trabajado como muralista junto a Joaquín Torres García en París. Fue militante republicano anarquista en la Guerra Civil Española; en 1939, en otro barco, el gobierno de la patria de su padre lo devolvió expatriado a estas costas con sus sueños a cuestas. Trajo consigo valiosísimos documentos de aquella lucha. Durante los cuarenta años más que vivió, irradió arte y humanidad desde su casa taller en Funes.
Poco más pudo hacer bajo los autoritarios gobiernos argentinos de entonces, aparte de pintar, escribir y enseñar dibujo y pintura en la Facultad de Arquitectura de Santa Fe. Cuando murió, en 1979, quedaron a cargo de la casa su hijo Fernando y su nuera Zulema, padres de Silvia. Pero luego la hija se radicó en Neuquén, los padres murieron y la casa quedó vacía. "Yo en esa época trabajaba con Marcelo Castaño en restauración de estatuaria urbana", cuenta María Eugenia Prece, rosarina licenciada en Bellas Artes, master en Gestión Cultural y Rehabilitación de Patrimonio. "Me cuenta un amigo que ella buscaba quién le tuviera la obra del abuelo. Mientras tanto se puso a ordenar los papeles del viejo y me permitió leerlos". Prece halló tesoros y, tras su propio viaje a la península ibérica, trajo bajo el brazo un proyecto de muestra internacional dedicada a la obra de Gustavo Cochet en Barcelona.
Esta idea, que ya pide pista en ambas orillas, surgió como trabajo de proyecto de un grupo de alumnos del Master en Museología de la Universidad de Barcelona. "Cuando fui a hacer mi Master de Gestión Cultural en Barcelona -cuenta Prece-, le comenté al profesor Antoni Laporte sobre el legado de Cochet. Sus alumnos empezaron una investigación, con gran interés porque existe hoy en día un movimiento de revalorización del papel del anarquismo en la República Española. Ellos investigaron todo lo que Cochet dejó en Barcelona y crearon un proyecto de exposición. La idea es que sea itinerante, Barcelona a Rosario, y que se junte con lo que hay de Cochet en Rosario. Antoni habló con Alfons Martinell, el director de Cooperación Cultural y Científica del Ministerio de Asuntos Exteriores al que pertenece la AECI. Alfons ofrece que el Ministerio pague los seguros y los traslados".
En 1934, cuando cae el gobierno de Primo de Rivera y se declara la II República, Gochet va a Barcelona a apoyar al gobierno republicano. Participa como presidente del sindicato de artistas plásticos de la Confederación Nacional de Trabajadores. Desde allí jugará un rol crucial en la salvaguarda del patrimonio artístico barcelonés. Funda con el sindicato el Casal de la Cultura, donde se organizan salones alternativos a los salones oficiales.
Cochet realizó una labor de concientización. Enseñó a sus compañeros anarquistas que las obras de arte provenientes de las iglesias y casas burguesas tomadas son patrimonio público, y por lo tanto deben ser conservadas para el disfrute de todos. Cochet participó activamente del salvataje de obras de arte realizado por la Federación de Artistas Independientes de la CNT. Frente al pillaje y la destrucción del botín del saqueo de los primeros momentos de la revolución, estos artistas convocaron al rescate de las obras. El segundo paso era repartirlas en lugares de encuentro popular: "sindicatos, bibliotecas públicas, ateneos... es decir, allí donde está el corazón del pueblo", como escribe Cochet en el catálogo de la exposición de obras salvadas por la CNT-﷓FAI en 1937.
En el marco de esta política de desprivatización salvaje del patrimonio artístico, la FAI entregó al museo de Barcelona la totalidad de la colección Cambó. Esta colección constituye el patrimonio base del Museo Nacional de Cataluña. "Nadie sabe, ni en Barcelona ni en Rosario, que este museo pudo surgir gracias a los cuadros salvados por Cochet y sus amigos", cuenta Prece. El Museo Nacional de Cataluña también alberga grabados y óleos de Cochet, además de sus libros.
"El 19 de julio de 1936", cuenta Cochet en su Diario de un pintor, "cerré las puertas de mi taller en Barcelona y allí quedaron inconclusas las obras que estaban en curso de ejecución: ¿en qué podían servirles mis pinturas al pueblo en armas en su magna lucha? En nada absolutamente. Me consideré entonces un miliciano más y si nunca tiré un solo tiro, fue únicamente porque para eso sobraban valientes, si no también lo habría hecho; pero no rehuí nunca ningún peligro, contribuyendo con todo lo que estaba a mi alcance y con las mismas esperanzas para conseguir el triunfo final".
Pero Cochet siguió produciendo. Dan testimonio de sucesos del frente sus 22 aguafuertes de la Guerra Civil Española reunidos en una carpeta que tituló Caprichos, inspirándose en Goya y sus Desastres de la guerra. "Mis caprichos como los de Callot y Goya son el reflejo de los horrores de la guerra, sus miserias y angustias como así las esperanzas y heroísmos de un pueblo que se repite en la historia y se repetirá siempre, mientras domine la maldad de los hombres", escribe en la portada.
Pero el triunfo fue derrota. En 1939, luego de la batalla del Ebro, Cochet huyó con su compañera de toda la vida, Francisca, dos refugiados más entre las masas de milicianos perseguidos que buscaban la frontera de los Pirineos. Según cuentan ambos en sus respectivos diarios, se instalaron provisoriamente en Coillure, aldea de pescadores en Francia. Con ellos iba el poeta Antonio Machado, a quien el artista acompañó hasta su muerte y en cuyo entierro sin pompa ni gloria pronunció un discurso conmovedor.
Estos y otros escritos proyectan una figura épica, heroica, incorruptible: el autorretrato de un militante. Aquel apuesto miliciano de cabello negro es un Cochet desconocido para los apacibles vecinos de Funes. Es coherente sin embargo con la solidaridad y la bonhomía de aquel señor de barba, perramus, boina y pipa que los retrataba al óleo, privilegio otrora reservado a los príncipes.

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